Cuando se te ha ido la mano con todo, tienes úlceras en el estómago, vomitas sangre y se te aparece el comecocos hasta cuando te la estás meneando en la ducha, sabes que ha llegado el momento de mandarlo todo a paseo, coger las llaves de tu viejo Plymouth del 65, abastecerte bien de anfetaminas y cervezas y huir hacia el «Gran Desierto Americano». Si ya de paso añades a la mezcla una irritante canción de Procol Harum, recuerdos de su infancia de niño chicano, gordo y marginado, en el Valle de San Joaquín, vino barato, peyote, ácido, autoestopistas calentorras, marihuana de un...