Son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse. Duermen en cuartos pequeños, caminan por el barro en pleno invierno, comen cosas distintas a las que cocinan y sirven. Soportan las humillaciones de sus patronas, de los hijos de sus patronas y, en ocasiones, de las manos demasiado largas de su patrón. Frente a ellas, la Pilola, la Cata y todas las mujeres para cuyas grandes casas solventadas por los maridos, la presencia de las nanas resulta imprescindible. Viven con el miedo y la sospecha de que les vayan a robar, metan al hijo adolescente en sus camas, abandonen sus trabajos de...