En 1605 Miguel de Cervantes concluía su historia de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha aventurando una posible continuación y abriendo, al mismo tiempo, la puerta a que otros pudiesen cantar «con mejor pluma» las andanzas de su héroe. Lo que no se imaginaba es que, casi diez años después y a la vista de que no salía la esperada segunda parte de su novela, un lector impaciente y tan entusiasta de su libro como hostil a su persona iba a arrebatarle el testigo para sacar de su retiro aldeano a don Quijote y a Sancho. Así, a finales del verano de 1614, este misterioso lector,...