Irene de Atenas

Cuando la joven Irene llega a Constantinopla desde Atenas no conoce su futuro, pero pronto sabrá encauzarlo: no fue sólo esposa y madre de emperadores, sino que ella misma llegaría a convertirse en la única e indiscutible emperatriz de un Imperio romano de Oriente que, aun en decadencia, todavía conservaba el esplendor de su pasado. Desde Constantinopla y rodeada de un pequeño grupo de fieles, fue capaz de gobernar en solitario y con mano férrea el destino de hombres y tierras, pese a ser mujer. Para ello tuvo que enfrentarse a las conspiraciones y traiciones que una vez tras otra...
